12 Bienal, Arquitectura y Diseño

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Una Bienal tan inclusiva como la presente edición, no podía obviar las propuestas emanadas desde la arquitectura, el urbanismo y el diseño. A esa ambición se debe la coexistencia de proyectos de tan variada naturaleza como: la singularidad de los habitáculos de la arquitecta mexicana Sandra Calvo y del artista cubano Candelario, emplazados en la Casa de la Obrapía y el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam (patio posterior), respectivamente; las intervenciones, ya sea en el espacio urbano, Detrás del muro: En el medio de la nada, o en lugares en ruinas, como Montañas con una esquina rota. La comunión arquitectura-diseño se materializó, por ejemplo, en la apertura de la Tienda de Arquitectura, Arte y Diseño, a cargo de Vilma Bartolomé y Proyecto Espacios. Dicha iniciativa visibiliza un fenómeno que en los últimos años ha tomado auge y de cierto modo ha cambiado la visualidad de las calles habaneras: el crecimiento de la iniciativa privada, que se extiende más allá de cafeterías y restaurantes.

Una obra como E14LAM tiene mucha lógica dentro del quehacer artístico de Candelario, quien desde la comunidad periférica de San Agustín (habanero municipio de La Lisa) siempre ha estado interesado por los problemas de la vivienda y los generados por un urbanismo deficiente. El trabajo por él emprendido exterioriza su noción de entender el arte, inseparable de la vida. De ahí que su propuesta haya sido una “escultura habitable”. “Escultura”, pero en este caso no habitable, pudiera ser una de las posibles formas de catalogar la réplica de un solar de La Habana Vieja, escala 1:1; obra de Sandra Calvo, con quien colaboraron arquitectos, historiadores y vecinos de la comunidad. Esta propuesta, que deja entrever una labor investigativa, va encaminada a llamar la atención sobre las soluciones que la precariedad ha generado, y es lo que la artista azteca llama “arquitectura sin arquitectos”. Como parte de ese “trabajo de campo” el registro es mostrado a través de video proyecciones. Todo este cúmulo es lo que conforma Multiplicación del paisaje interior.

Por segunda vez se organiza la muestra colectiva Detrás del muro, esta vez formando parte de las actividades colaterales. Pero, como en su primera edición, ha tenido gran aceptación del público. Así, independientemente de la calidad estética y sentido bastante cuestionable de algunas piezas, lo que no se puede negar es que la propuesta de Juan Delgado (quien contó en esta oportunidad con la asistencia de Elvia Rosa Castro y José Fernández) ha cambiado la dinámica de este paseo habanero. Lástima que haya que esperar cada tres años para “alterar” el panorama de esta parte de la ciudad. Obviamente, no tiene sentido proponer que dicha exposición esté manera permanente, sino que se generen propuestas que desde el arte fomenten una mayor relación espacio-transeúnte.

Esta idea lo reafirma la gran afluencia de público presente en la apertura del proyecto, el pasado domingo 24 de mayo, así como el desfile diario de cientos de personas, que toma proporciones importantes durante los fines de semana. Componen la nómina unos 50 creadores entre cubanos y extranjeros. Estos últimos proceden de naciones como Estados Unidos, México, España, Bolivia, República Dominicana, Marruecos y Alemania. De manera análoga a muchas de las exposiciones diseminadas por la ciudad, el proyecto curatorial pone énfasis en el diálogo entre artistas consagrados y jóvenes creadores, así como en la variedad de las propuestas (performances, esculturas, murales e intervenciones diversas). Entre las obras de mayor resonancia mediática han estado Resaca, de Arles del Río (Cuba) y la pista de patinaje sobre hielo de Duke Riley (EE.UU./Irlanda), por solo citar dos ejemplos.

Otras intervenciones se han apartado del espacio urbano en busca de lugares que resemanticen el gesto artístico. Tal ha sido el caso de Ensayo sobre los fluido del mexicano Héctor Zamora, de Habana [re]generación y Esterio Segura en la termoeléctrica de Talla Piedra y del proyecto Montañas con una esquina rota, liderado por el artista cubano Wilfredo Prieto y las curadoras, también cubanas, Direlia Lazo y Gretel Medina.

En este último, tras una búsqueda minuciosa, el equipo curatorial se decidió por un local en ruinas que se encuentra en la intersección de las calles Línea y 18, en el capitalino barrio de El Vedado. Sin lugar a dudas la historia del inmueble debió influir en su selección. Inicialmente, albergó una de las estaciones del tranvía; con posterioridad se erigió en ella la renombrada Fábrica Claudio Argüelles Camejo, donde se ensamblaban ómnibus; en la década de 1990, los ómnibus fueron sustituidos por bicicletas (Fábrica de Bicicletas Pipian) y, para finales de la centuria pasada, en el lugar se asumían reparaciones diversas. En marzo del 2002 se desató un siniestro que dejó a la fábrica en un estado bastante deplorable, que se acrecienta con el abandono en que fue sumida.

El abordaje de esta historia, que se reitera a lo largo de la arquitectura cubana, y más específicamente de la habanera, determinó el tipo de intervención a realizar: las site-specific. Además constituía, indiscutiblemente, un gran atractivo puesto que posibilitaba establecer una analogía entre el cambio de funciones sufrido por el lugar y “la movilidad, el cambio y la capacidad de adaptación”. Pero también implicaba un reto; ya que, independientemente de las ideas previas que cada uno de los artistas convidados pudiera tener, solamente in situ podrían concebir “un diálogo con la historia, los remanentes físicos, la memoria intangible del lugar”. Es por ello que entre los principales criterios para conformar la selecta nómina (14 artistas en total) estuvieron, por una parte, asumir el arte como un proceso donde creación e investigación van de la mano; por otra, la capacidad de cada uno de los creadores –patentizada en trabajos anteriores–de establecer acertados vínculos, tanto semánticos como poéticos, con el espacio a intervenir. Y no solo con la antigua fábrica, pues se llevaron a cabo, el día de la inauguración, performances cuya intención era lograr una mayor inserción en la comunidad y por ende un implicación directa de sus moradores.

Evidentemente, un proyecto de tales caracteres demandaba la colaboración entre todos los artistas, de forma tal que las piezas se integraran armónicamente al espacio. Y si de colaboración armónica se trata, un ejemplo fehaciente es la exposición de carteles Happy together/ Felices juntos, donde 24 diseñadores, 12 del patio y 12 estadounidenses, se apropiaron de íconos de los dibujos animados y las historietas de ambos países. Así, los diseñadores cubanos (Pepe Menéndez, Raúl Valdés (RAUPA), Robertiko Ramos, Giselle Monzón, Edel Rodríguez (MOLA), Fabián Muñoz, Alejandro Rodríguez (ALUCHO), Laura LLópiz, Nelson Ponce, Darwin Fornés, Idania del Río y Michele Miyares) darán su peculiar visión sobre los Simpson o los Picapiedras, por solo mencionar a dos de los animados más difundidos en la Isla; mientras que, sus homólogos (David Gallo, Jeff  Kleinsmith, Sasha Barr, Darin Shuler, Eroyn Franklin, Chelsea Wirtz, Kelsey Gallo, Carlos Ruiz,Jesse LeDoux, Robynne Raye, Vannessa Blea y Víctor Melendez) se inspirarán en Elpidio Valdés y El Loquito, entre otros diez personajes. Los carteles, además del sello de su autor, evidencian una gran variedad de estilos. Así, desde el espacio de la cultura se genera un intercambio, simbólico, que alude al tipo de relación que los pueblos cubano y estadounidense espera que logren sus respectivos gobiernos. Acento este presente en un importante número de obras, tanto de la muestra central, como de la colateral, de artistas cubanos, como extranjeros.

R.F.R

Imágenes: proyecto Montañas con una esquina rota, liderado por el artista cubano Wilfredo Prieto y las curadoras, también cubanas, Direlia Lazo y Gretel Medina.

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