Bienal Audiovisual

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por: Y.S.G.

En estos días de Bienal diferentes acciones han marcado el acontecer artístico de la ciudad. El artista italiano Eugenio Tibaldi creó en el patio interior del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam una sala informal de póker, un espacio para un juego que, en este caso, varía sus dinámicas. Una vez seleccionados a los jugadores, cada uno escogía un asiento, una banqueta, un cojín, una silla casi destruida y según la elección el jugador se ubicaba en una mesa, igual de precaria. Para apostar en el juego el artista entregó frijoles negros, era ese el capital, para nosotros bastante cotidiano, que tenía para ofrecer a los contrincantes. Las cartas, aparentemente comunes, camuflaban sus figuras tradicionales para ceder el paso a imágenes que representaban tanto mitos como la realidad cubana. Al dorso de los naipes aparecía, desde un pasaporte hasta la reina transformada en miliciana tal como aparece en la identidad de las FMCi. Sobre ese mobiliario recuperado por las calles de La Habana y en las oficinas del Centro Lam, los jugadores compartieron un momento lúdico. Este les permitió más allá de reflexionar en torno a las opciones posibles de los canales alternativos, tan usuales en nuestro contexto, comprender las dinámicas de las interrelaciones humanas. Los jugadores de diferentes nacionalidades, sin entender apenas las palabras de sus contrincantes, disfrutaron a través del instante de ocio, sin estar asociados a esa condición fanática y especulativa del póker.

Cada sonido es una forma de tiempo es la obra de música visual presentada por la artista cubana Glenda León para el evento. En la Sala de Conciertos de la Biblioteca Nacional, lamentablemente en ocasión única, Glenda realizó una proyección de partituras visuales interpretadas por el joven y talentoso pianista Aldo López Gavilán. La lluvia, el otoño, el vuelo, la ciudad, el azar y las estrellas, se convirtieron en esas imágenes poéticas y sonoras a las que nos tiene acostumbrados Glenda León. La interpretación consistía —explicó Glenda— en que el pianista tocara una nota ahí donde ha visto una hoja, un pájaro, un punto de algún lado, una gota de agua, una luz de la ciudad o de una estrella. El espectador podía transitar desde instantes de calma en que la imagen plagada de sutilezas era acompañada por la música igual de apacible, hasta momentos más intensos, fuertes y contrastantes. La obra de Glenda se integra a esa vocación por explorar los límites de lo sensitivo, a escuchar esas imágenes y visualizar los sonidos.

Similar motivación persiguió el artista mexicano Héctor Zamora con Ensayo sobre lo fluido. En este caso, una parte de la Escuela de Música de Garatti fungió como escenario para la orquesta que nunca llegó a tocar en sus predios. Como invitado de la Duodécima Bienal de La Habana, Zamora, quien contó con la colaboración de la compositora cubana Wilma Alba Cal, realizó una intervención sonora y visual. Gestos en apariencia tan simples como iluminar los cubículos y hacer de ellos el “auditorio” de solistas o ensembles llenó el lugar de una energía inusitada que sobrecogió al público que asistió a ambas presentaciones. Y se dice “en apariencia simples” ya que lo primero no hubiera sido posible sin el patrocinio de la tienda de moda de lujo en línea LUISAVIAROMA, y de las Galerías Luciana Brito (Brasil) y Labor (México), por una parte; y sin la destreza del equipo técnico, por la otra. Lo segundo, demandó de toda la pericia de la joven compositora quien debió sortear dos escollos fundamentales: la particular acústica del lugar a partir del estado de ruinas en que está el edificio y el hecho que los intérpretes no podrían escucharse los unos a los otros. De este modo, Zamora regaló a los presentes una hermosa composición visual y sonora. A cambio solo pidió un fluir constante.

Otra propuesta donde la música juega un papel esencial es Meditation on memory, del artista nigeriano Victor Ekpuk. Como muchas de las obras que conformaban la muestra central, en la inauguración el público contempló un performance con música abakuá ejecutada in situ. La selección de esta religión de origen africano no fue gratuita: entre las etnias de las que procedían los primeros abakuá está la ibibio, a la que pertenece el artista. Así, encontraba un vínculo real que le uniera a la Isla y a una parte de su cultura, en la que redescubría la propia, mediante una profunda labor investigativa (en la que fue esencial la asesoría de Tato Quiñones). Hasta el próximo 22 de mayo se podrá visitar una de las amplias salas del Centro Contemporáneo Wifredo Lam para deleitarse con la sobriedad de la relación entre el blanco y el negro, la exquisitez de los trazos, el equilibrio de las composiciones donde el horror vacui no abruma, sino seduce, y la deliciosa cadencia de la música de fondo que traslada a un espacio ancestral cargado de mito.

Como parte de la muestra colectiva Entre, Dentro, Fuera que acontece en el Pabellón Cuba la artista cubana Susana Pilar Delhante presenta un proyecto altamente atractivo: el concurso de belleza de cabello natural afro “Lo llevamos rizo”. Este certamen, dirigido a todo el público interesado, es un micro evento dentro de toda la muestra. Está concebido con una amplia duración que comenzó con las inscripciones hacia finales de mayo y que contempló conferencias, proyección de largometrajes y talleres para dar herramientas sobre cómo tratar este tipo de cabello. Si bien las acciones ideadas por Susana, parecen estar signadas por un componente que transita entre el ocio y lo frívolo, en esencia constituye toda una reflexión amplísima que roza cuestiones de hondura social. Bajo la competencia de perfiles en sus variantes afro, trenzado y drearlocks, se desata todo un análisis a propósito de la opción natural de este tipo de cabello y la “necesidad” de su alisado con el tratamiento químico. Ciertamente la tendencia al alisamiento del pelo de ascendencia afro se ha convertido en una necesidad visceral para muchas mujeres, e incluso para hombres. Tener el cabello sin “arreglar”, en nuestra sociedad, puede ser un síntoma de despreocupación, de mal gusto tal vez. Muchas féminas, desde pequeñas, son sometidas al llamado “peine caliente” para emular con el cabello lacio. Esta tendencia al blanqueamiento es un lastre que arrastramos, un signo del coloniaje, de un profundo racismo. Se trata de ideales de belleza occidentales, que han fijado normas y patrones históricos, repetidos e inculcados en el entramado social. En la Cuba de hoy, tener el pelo en extremo lacio, con brillo e hidratado, tratado con la magia de la Keratina, puede ser un signo de status socioeconómico y de buen gusto. Por eso Susana propone una revisión de los estereotipos con respecto a la naturalidad del cabello afro, de la belleza de sus formas y su textura. “Lo llevamos rizo” es un acto de resistencia, es la afirmación de una identidad trillada por el peso de una cultura sobre otras, así lo asumieron las diez mujeres que modelaron el pasado 13 de junio en el Pabellón, de diferentes edades y ocupaciones.

Y.S.G.

 

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