La ciudad portátil: La Habana y sus diásporas

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por: Zaira Zarza

 

El espacio de la diáspora ha sido uno de los ámbitos culturales más relevantes a la hora interrogar el sentido de Cubanidad y mapear las nociones contemporáneas de nacionalismo y etnicidad cubanos. Isleños, hijos del Socialismo temprano y tardío de la Revolución, los cubanos y en especial los habaneros dentro y fuera de la isla han vivido una compleja relación ideológica atravesada afectiva, económica y políticamente por experiencias y subjetividades diaspóricas. Tres oleadas migratorias masivas han dado forma a estas relaciones en el período post-revolucionario: una entre 1959 y 1962 (desde el triunfo de la Revolución Cubana a la crisis de los misiles), otra en 1980 conocida como el éxodo del Mariel y una tercera, a principios de la década de 1990, como consecuencia de la caída del muro de Berlín y la desaparición del bloque soviético y los subsidios económicos a Cuba. Este último éxodo alcanzó su clímax con la llamada “crisis de los balseros” en 1994.

Hasta la fecha, un gran número de obras literarias se ha ocupado de abordar la experiencia diaspórica cubana. Vale comentar la importancia de algunos textos en el ámbito de la no-ficción como The repeating island (La isla que se repite) de Antonio Benítez Rojo cuya profunda lectura de las culturas del Caribe, nos recuerda las múltiples iteraciones del espacio y el legado del colonialismo que une a la región. Más específicamente, The portable island: Cubans at home in the de Ruth Behar y Lucía M. Suárez imagina a Cuba no como un país sino como una condición geo-emocional, un espacio encantado del que resulta difícil desprenderse. Además de explorar las múltiples intersecciones de género y diáspora Mirta Yáñez, Dick Cluster y Cindy Schuster editaron la compilación Cubana: Contemporary Fiction by Cuban Women (1998) para reunir una serie de textos de escritoras y poetisas cubanas y cubano-americanas.

Estas y muchas otras obras han creado bases sobre las cuales construir imaginarios contemporáneos alrededor de la experiencia migratoria. Cuba vive hoy un acceso reciente a nuevas formas de movilidad mediante la eliminación del obligatorio permiso de salida y las transformaciones de la economía privada. Aún de modo relativo, ello ha cambiado el enfoque de muchos ciudadanos respecto de los retos y expectativas de la migración temporal o definitiva. En concreto, viajar se ha vuelto una posibilidad real para unos aunque continúa siendo una inviabilidad total para otros, ya que es aún una forma de privilegio y ayuda a la construcción de status que fortalecen la diferencia social entre los ciudadanos. Las repercusiones de estas nuevas conexiones translocales no han sido investigadas todavía en su variada complejidad.

Probablemente el cine y la música son algunas de las formas del arte, donde estas transformaciones sociales se incorporan de manera más recurrente. En particular en los Estados Unidos existe todo un universo de producción cultural realizado específicamente por cubanoamericanos. Músicos como Celia Cruz, Gloria Stefan y Arturo Sandoval de La Habana, Willy Chirino de Pinar del Río y la santiaguera La Lupe desarrollaron la mayor parte de su carrera profesional en ese país y han sido fundamentales para el fortalecimiento de la cultura latina en Norteamérica. Entre los inmigrantes llamados “de segunda generación”, tal vez una de las celebridades más reconocidas a nivel global en el mundo del espectáculo es Pitbull, y también los actores Eva Mendes y Andy García.

León Ichaso es quizás el cineasta cubano del exilio pre-2000 cuya obra permite una reflexión más profunda en torno al proceso de la diáspora. Su primer trabajo fue el largometraje de ficción El súper co-dirigido con Orlando Jiménez Leal en 1979. El filme fue producido con muy bajo presupuesto y retrata la vida de una familia de emigrantes cubanos en Nueva York. El personaje principal es Roberto, un superintendente, que se niega a aprender inglés y vive en el sótano de un edificio del Upper West Side. Ichaso también dirigió Azúcar amarga en 1996 y, más recientemente, Paraíso (2009), que explora la diferencia generacional y de clase que divide a la comunidad cubana en el exilio al sur de la Florida. En cuanto a documentales Conducta impropia de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, terminado en 1984, aborda la coacción sufrida por homosexuales e intelectuales en los primeros años de la Revolución Cubana, mientras Nobody listened (Nadie escuchaba, 1988) de Jorge Ulloa y, otra vez, Néstor Almendros es de nuevo una crítica a las políticas controladoras y absolutistas del gobierno cubano.

Pero los artistas cubanos activos en su profesión fuera de Cuba no sólo viven y trabajan en los Estados Unidos. El dúo Gema y Pavel y los miembros de la banda Habana Abierta vivieron durante años en Madrid, el cuarteto de rap Orishas trabajó profusamente en Francia, mientras que la exponente del hip hop Telmary Díaz ha estado trabajando entre Toronto y La Habana durante los últimos cinco años. La comunidad de actores cubanos trabajando hoy día en Colombia y otros países latinoamericanos es cada vez más amplia. Jorge Cao, Alberto Pujol, César Évora, William Levy, Jacqueline Arenal, Mijail Mulkay, Bárbaro Marín, Taimí Alvariño, Caleb Casas, Laura Ramos, Rafael Lahera, Carlos Ever Fonseca son solo algunos de ellos. Y la última edición del proyecto musical Playing for change señala otra colaboración transnacional de músicos del patio pues cuenta con una versión de la mundialmente conocida Guantanamera interpretada esta vez por más de 75 cubanos en lugares tan diversos como Tokio, Barcelona y Santiago de Cuba.

No sólo la movilidad de los artistas, sino también la migración como tema está presente de manera constante en la música y el cine cubanos. Así se revela en las canciones de Carlos Varela Foto de familia, Como los Peces y Lucas y Lucía; Dos emigrantes de Buena Fe; Gozando en La Habana de la Charanga Habanera; el clásico La otra orilla de Frank Delgado y de Willy Chirino Ya vienen llegando. La lista se amplía no sólo con filmes realizados en La Habana por cineastas nacionales -Suite Habana (Fernando Pérez, 2001), Conducta (Ernesto Daranas, 2014) Juan de los muertos (Alejadro Brugués, 2012), y el filme Vestido de novia de Marilyn Solaya a punto para el estreno- sino también en películas filmadas por directores extranjeros como Havana Blues del español Benito Zambrano (2004), Heirate mich/Cásate conmigo (2003), de los alemanes Uli Gaulke y Jeannette Eggert y Una noche (2012) de la estadounidense Lucy Mulloy. Hay narraciones donde la experiencia diaspórica sólo se articula de manera tangencial, como en Orages d'eté (Heidi Hassan, 2008). En otras se describe y reflexiona sobre la representación más evidente del proceso como ocurre en el documental catalán Balseros (Carles Bosch y Josep Maria Domènech, 2002) y en la ficción 90 millas (2005) del español Francisco Rodríguez Gordillo.

Por supuesto el trabajo disperso pero fascinante de jóvenes cubanos en el exterior es digno de profunda atención y estudio. Heidi Hassan, por ejemplo, dirigió entre otras Exile (2005) Miserere (2006) y Tierra roja (2007), en Ginebra, Suiza; Daniellis Hernández terminó Extravío (2007) en Manchester casi al tiempo en que Susana Barriga filmó The Illusion (2008) en Londres, Inglaterra. Por su parte, Miguel Coyula realizó Cucarachas rojas (2003) y Memorias del desarrollo (2010) desde Nueva York mientras que Milena Almira y Lester Harbert hicieron cortometrajes que surgieron del proyecto Kinomada desarrollado en la Provincia de Quebec, Canadá. Además, Laimir Fano trabajó y aún trabaja a medio camino entre Milwaukee y Miami donde Magdiel Aspillaga y Malena Barrios exploran nuevas narrativas de movilidad y desplazamiento. Muchas mujeres cineastas viven y producen obras audiovisuales actualmente en España. Patricia Pérez, Jessica Rodríguez, Alejandra Aguirre, Bebé Pérez y Vanessa Batista sólo algunos nombres posibles. Y Toronto es el espacio filmado por excelencia en las obras de Yanay Penalba y Rodrigo Barriuso. Estas intervenciones audiovisuales de jóvenes realizadores por el mundo contribuyen a desestabilizar la idea de los EE.UU. y en especial a Miami como el único centro de la comunidad cubana en el exterior. Durante décadas, el imaginario cubano estableció a "Miami como la capital utópica de la diáspora cubana; (…) [ello] confirma a la ciudad como una especie de capital económica y cultural paralela a la isla. En el imaginario cultural actual de Cuba, Miami es más importante que Santiago de Cuba: funciona como una especie de sub-Habana." (Fowler, 113, mi traducción)

La posibilidad de retorno también fue aprovechada, entre otros, por el cineasta Miguel Coyula y el músico Descemer Bueno quienes habitaron la ciudad de Nueva York por más de una década como hizo Kelvis Ochoa en Madrid antes de regresar a la isla. Los primeros pasos musicales del doble nominado al Grammy Latino Elaín Morales fueron en La Habana antes de trasladarse a Florida, lugar en el que trabajó durante más de diez años antes de finalmente, volver a su país de origen. Recientemente Isaac Delgado se ha sumado también a esta larga lista de músicos transnacionales que ha decidido ir de vuelta a casa.

Hoy en día el creciente eclecticismo de las rutas de productores culturales cubanos por el mundo es verdaderamente impresionante. Heidi Hassan, Patricia Pérez, Tamara Segura, Aram Vidal, Laimir Fano, Sebastian Barriuso y muchos otros jóvenes son realizadores de cine y medios de comunicación audiovisual cuyos caminos los han llevado lejos del país y/o los mantiene en ese ir y venir entre una y otra orilla. Ellos, nosotros, todos llevamos un poco de La Habana en nuestras maletas. Nos acompaña dondequiera que vamos y la desempacamos un poco más o menos de acuerdo al lugar en que estamos, cuánto hemos dejado en casa y nuestra propia necesidad de que nos acompañe o no.

Zaira Zarza

Bibliografía:

Behar, Ruth and Lucía M. Suárez (eds.). The portable island: Cubans at home in the world. New York: Palgrave Macmillan, 2008. 

Benítez Rojo, Antonio. The repeating island: the Caribbean and the postmodern perspective. Durham: Duke University Press, 1996.

Fowler, Víctor. “A Traveler’s Album: Variations on Cubanidad”, en boundary 2 29:3, 2002, 105-119.

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